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miércoles, 16 de febrero de 2011

"Valor de ley"


Pues van a ir dos seguidas de cine, que parece que el invierno se presta más para ir, sobre todo con este tiempo que estamos teniendo últimamente. Cuando era más joven y solo había dos canales de televisión, o uno y medio, el cine de vaqueros, del oeste, era de lo más habitual. Los fines de semana por las tardes era lo que tocaba normalmente, o eso o cine español, y entre los dos siempre me quedé con el primero. Reconozcamos que todas tenían más o menos la misma línea argumental, pero eran entretenidas y normalmente bien hechas, así que como tampoco había demasiado donde elegir pues pienso que muchos nos aficionamos a él. Luego desapareció del mapa, casi pasó de moda y quedó reducido a la mínima expresión. Hace unos años varios directores hicieron intentos con más o menos suerte de retomar este género y hacer que la gente volviera al cine a ver vaqueros, caballos, indios, duelos al sol y todos los tópicos del mismo. Para mí la mayor parte de esos intentos no me gustaron demasiado, además porque la mayor parte de ellos intentaron darle una trascendencia a historias que hacía que fueran, muchas de ellas, tremendamente aburridas. Quisieron convertirlo en un género “serio”, formal y pienso que no acertaron. La única excepción es “Sin perdón”, dirigida hace unos años por Clint Eastwood y que puede ser un clásico moderno del género. Viene esta introducción a cuento de que la película que voy a comentar hoy es otro de esos intentos de hacer una película del oeste seria y más formal, por decirlo de alguna manera. Las críticas que está recibiendo en todas partes son excelentes, en algunos casos casi de obra maestra, siento decir que, para mí claro, no lo es, es más, no me gustó demasiado, me aburrió un poco y quedaría, si tuviese que ponerle nota, en un aprobado raspadito. Hablo de un estreno reciente, de este último fin de semana, “Valor de ley”.

La película está dirigida por los hermanos Coen, una pareja bien conocida por los aficionados por algunas excelentes cintas como “Muerte entre las flores” (una de mis favoritas de las suyas), “Barton Fink”, “Fargo”, “El gran Lebowski” o la que le valió el Óscar a Javier Bardem y que ganó cuatro Óscars, “No es país para viejos”. Todas ellas tienen algo distinto, original, pueden gustar o no, pero no se les puede negar que tienen marca de fábrica, que tienen una forma propia de hacer cine. Esa es una de las razones de que me decepcionara un poco esta de hoy, porque salvo ese humor cínico que aparece en algunos momentos no veo otros elementos que suelen estar presentes en su cine, quiero decir que no me pareció una película de los Coen, algo que para mí no es positivo. Aún así es candidata a diez premios de la Academia de Hollywood, entre ellos los más importantes, mejor película, mejor actor, mejor director y mejor guión adaptado.

Parten de una novela con el mismo título escrita por Chales Portis en 1968. Hay otra versión cinematográfica de 1969 protagonizada por el vaquero por excelencia, John Wayne, que además le valió un Óscar el mejor actor. Ellos dicen que no vieron esta otra versión antes de hacer la suya, una afirmación que no sé si creer, porque es un clásico del cine americano y por nuestras pantallas de televisión pasó ya infinidad de veces. La más reciente, supongo que aprovechando el estreno de esta, fue emitida por Antena 3 el sábado 12 de este mes. Esta versión más antigua, dirigida por un habitual del cine del oeste, Henry Hathaway, es una de las mejores películas del género, a mí una de las que más me gustan y pienso que más entretenida que esta nueva versión. Dicen también que mientras la antigua se centraba en el personaje del vaquero esta lo hace en el personaje femenino de la historia, una niña de 14 años que lleva el peso de la historia. De todos modos en el desarrollo de la misma no es que haya demasiadas diferencias.
Rooster Cogburn es un alguacil ya en sus últimos años, bebedor, fumador, mal hablado, borde, desagradable, desastrado, poco aseado y que vive como puede con lo que saca de las recompensas que cobra por atrapar fugitivos. Un día aparece en su vida una joven de 14 años, Mattie Ross, quiere contratarlo para que vaya con ella a atrapar al asesino de su padre, Tom Chaney, que escapó a territorio indio tras matarlo. Ella quiere que Cogburn lo coja para que pueda ser llevado a la justicia, juzgado y ejecutado. En un principio no está dispuesto, pero el dinero es un buen reclamo y acepta el trabajo. En el medio aparecerá LaBoeuf, un ranger de Texas que también está buscando a Chaney por un asesinato anterior. Allá irán los tres en la busca del huido, en una aventura en la que tendrán que moverse por un territorio hostil donde la ley casi no tiene importancia y buscar a ese hombre que además anda con una banda de ladrones y asesinos. Esta es la historia que vamos a ver.

Jeff Bridges es Rooster, el alguacil contratado por la chica. Su actuación está bastante bien, clava a ese hombre que ya está de vuelta de todo, que necesita dinero para seguir viviendo y que coge ese trabajo con muchas dudas hasta que ve el dinero. Con un parche en un ojo que acentúa más aún lo desagradable que puede llegar a ser, pasa el tiempo bebiendo y fumando y en su momento parece que fue uno de los grandes, pero ahora ya está en plena decadencia. Un hombre violento que todo lo soluciona a golpe de pistola o de puño y que no se para demasiado a pensar o a dialogar. No está nada mal su actuación y destaca por encima de tono de la película, aunque en ciertos momentos está en el límite de lo exagerado o ridículo, quizá demasiado histriónico en algún momento. Como curiosidad el parche lo lleva en el ojo contrario al de John Wayne. Y de paso, me sigo quedando con Colin Firth en “El discurso del rey” como mi favorito para el premio al mejor actor.
Muchas alabanzas para la chica, Heilee Seinfeld, una novata en la actuación ya que esta es su primera película tras superar un complicado casting. No es que esté mal, que no lo está, pero pienso que uno de los mayores problemas que tenemos aquí esta vez es que el doblaje de su voz no me gustó nada de nada. Salvo en algunos momentos puntuales tiene un tono completamente plano, casi sin matices que hace que pierda mucho su personaje. Ella está bien, aunque quizá el personaje no sea creíble completamente. Una niña de 14 años, tremendamente madura, serie, formal y decidida a conseguir su objetivo pese a quien pese, tanto que en los momentos de tensión no me convenció demasiado, porque casi está tan seria cuando cabalga como cuando duerme o está a punto de morir. Ahora, vuelvo a decir, cabe la posibilidad de que este doblaje que menciono aporte también mucho a esta opinión.
LaBoeuf es Matt Damon, un actor sobradamente conocido que tampoco está mal, pero que no me resultó demasiado creíble como vaquero, igual son cosas mías, que conste. Un hombre bastante vanidoso y algo débil, dubitativo en su forma de actuar y de trabajar. Eso sí, es el que va a llevar la peor parte en la historia, continuamente herido tanto en su cuerpo como en su amor propio.

La verdad es que la historia empieza bien. La presentación de los personajes es buena. Bridges declarando en un juicio en el que se cuestiona su violenta forma de actuar con la gente a la que va a detener, con respuestas ágiles, cínicas y que provocan más de una sonrisa en el espectador. También destaca la primera intervención de la joven, esa medio discusión medio negociación para poder conseguir algo de dinero, amenazando continuamente con la intervención de su abogado deja claro que es una mujer en el cuerpo de una niña y que no va a dejar que nada se le ponga por delante. La toma general del pueblo con ese típico color entre amarillo y sepia promete mucho, pero hasta en ese sentido pienso que no aprovechan bien la grandeza de los paisajes donde se desarrolla la historia. Para mí estos primeros minutos son bastante destacables, pero no se mantiene esta línea a continuación.

Ya dije al principio que no me gustó demasiado, y quizá estaba un poco influido por las excelentes críticas que aparecieron sobre ella en casi todos los medios de comunicación. Críticas que releí después y que, como podéis leer aquí, comparto solo a medias. También añadir que es más que posible que el doblaje en general influya mucho en esta opinión, no solo en el caso de la niña como ya dije, sino también en el resto. Quizá algo menos en el caso de Bridges, pero sí en el de Damon y algún personaje más. No sé, me resultó poco natural y en muchas ocasiones sonaba algo forzado. Algo raro, ya que los doblajes al castellano suelen ser excelentes. Pero además el mayor problema que tuve durante la proyección es que la historia me pareció falta de emoción, fría, ni en los momentos que se suponen de tensión consiguió provocar algo de sentimiento, de sensaciones. Y esto me pareció lo peor de todo, una historia que no está nada mal no puede dejar indiferente al espectador, por lo menos a nosotros nos pasó, que ambos coincidimos en esa frialdad, en esa falta de emoción hasta en escenas en las que deberías estar con el corazón en la boca. Dicho de otra manera, le falta épica, algo que es indispensable en una historia del oeste, pienso yo. Además hay otro elemento típico del género que tampoco contribuye a darle esto que la falta, la música, que solo en un momento tiene una presencia destacable.

No sé qué opinaréis vosotros, espero que alguien la vea y pueda decirme si coincide conmigo o no, o por lo menos en parte. Espero, quizá más esta vez, vuestros comentarios.

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