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jueves, 30 de junio de 2011

"Un cuento chino"

En Vigo la oferta cinematográfica podemos decir que no es escasa, aunque tampoco es para tirar cohetes. Como en la mayor parte de lo sitios el 90% de la cartelera se dedica al cine americano, al que por este blog es evidente que soy aficionado, no lo voy a negar. Pero es complicado ver otro tipo de cine, otro estilo y sobre todo de otras nacionalidades. Solamente nos queda un pequeño cine que se va sosteniendo donde se pueden ver otras cosas. De todos modos hay cinematografías y actores que consiguen que sus películas se estrenen dentro de los circuitos más habituales, aunque a veces pueden quedar eclipsadas por esas grandes producciones y esa espectacularidad que casi ciega otras posibilidades. Es el caso de la película que fuimos a ver este último fin de semana, que creo que sería una pena que quedase oculta entre esas otras. Cuando digo que hay actores que consiguen hacerse un hueco cuento al protagonista de esta de hoy, el argentino Ricardo Darín, uno de esos actores que me gustan siempre y que alterna películas digamos más serias con otras un poco  más suaves, pero que no decepciona nunca, y en esta en concreto no lo ha hecho en absoluto, genial como siempre. La película es un estreno reciente y espero que podáis verla antes de que desaparezca de la cartelera, en la sala en la que estuvimos éramos poco más de veinte personas y eso al día siguiente de su estreno, una pena; se titula “Un cuento chino”.

La historia es simple. Roberto es un hombre que tiene una pequeña ferretería de las de toda la vida, lejos de las grandes cadenas, un negocio familiar que atiende personalmente. Es un hombre huraño, protestón, que vive solo porque quiere y así lo ha decidido, maniático y muy metódico (apaga la luz todos los días a las once en punto de la noche, ni un minuto antes ni uno después). Su vida se reduce a su trabajo y a los pocos clientes que van a comprar cuatro cositas a su tienda. Perdió a su madre cuando nació él (pero nunca la olvidó, cada día por su cumpleaños le pone una pequeña figurita de cristal en la vitrina en la que también tiene una foto de ella) y era muy aficionada a coleccionar cosas, costumbre que él también tiene. Entre gente que intenta ser su amiga pero a la que rechaza; Mari, una joven que es evidente que está enamorada de él pero a la que intenta mantener a una cierta distancia y los clientes “pelotudos” se desarrolla su día a día. Pasa los días contando los tornillos o las puntas de las cajas de los proveedores y reclamando, porque nunca vienen los que tienen que venir, todos son iguales, levantarse, desayunar, atender la tienda y poco más. Cada día le traen los periódicos de varios lugares, el alimento de su mayor afición hasta el momento, recortar noticias ridículas, exageradas, curiosas o increíbles y ponerlas en una serie de álbumes. Otro de sus entretenimientos es ir en su coche y aparcar al lado de las pistas del aeropuerto, ver aterrizar y despegar los aviones...; pero un día algo va a pasar, algo que cambiará por completo su vida, su rutina, sus relaciones y su forma de ver la vida. Un taxi deja a un chino tirado un poco más adelante de donde está él. Cuando lo ve es incapaz de no hacer nada, pero el problema es que el chino no tiene ni idea de castellano y, claro, Roberto no sabe una sola palabra de chino. Tendrá que esforzarse para hacerse entender, con muchas dificultades claro está. Y así, a base de gestos, desesperación, enfados y situaciones ridículas va a nacer una relación entre ellos que hará que muchas cosas cambien para Roberto y todo su entorno. Como en otros casos no quiero contar mucho más, es mejor ir a verla y ver por dónde van los caminos de dos personas distintas, que casi no se entienden y cómo acabará la historia.

El director es Sebastián Borensztein, con alguna película más anterior y producciones para televisión, es la primera película suya que veo, pero mantiene esa línea de cine argentino tranquilo, delicado, suave, pausado y con un cierto componente crítico que aparece en esta en varias cosas, igual que ese humor negro que se está haciendo tan característico de las producciones de este país y que creo que por aquí entendemos muy bien.

En cuanto a los actores no vamos a descubrir ahora a Ricardo Darín, un actor genial y que le da un aire de calidad a cualquier cosa en la que aparece. Aquí está muy bien, en su línea, recreando perfectamente a ese ferretero solitario, con mala uva, que vive metido en sí mismo y con miedo a abrirse, salir de su mundo, enamorarse, cerrado a cualquier cosa que altere su vida diaria. Tiene momentos realmente buenos, como el que se enfrenta a la policía que no quiere hacer demasiado por el pobre chino y también todos aquellos en los que aparece un cliente “pelotudo” en su tienda, o cuando va al Consulado Chino ya desesperado porque nadie le echa una mano. Es un actor que solo con los ojos en un segundo transmite más sensaciones que otros en hora y media de película, así que siempre merece la pena. Pero Ignacio Huang, el actor que hace del chino que aparece en la vida de Roberto ha sido todo un descubrimiento encarnando a Jun, no dice una sola palabra en castellano en toda la película pero llega un momento en el que casi entiendes a la perfección lo que quiere decir. Tiene una cara enormemente expresiva y transmite en todo momento con perfección las situaciones de agobio, de tristeza, de alegría perfectas en cada escena. Lo mejor de la cinta son las situaciones en las que están los dos juntos, que componen la mayor parte de la película, la comunicación o falta de comunicación sobre todo al principio, va quedando poco a poco compensada por los esfuerzos que hacen, sobre todo Roberto, para llegar a un buen final. Y luego tenemos a Muriel Santa Ana, que hace el papel de Mari, una mujer que está enamorada de Roberto y que no está dispuesta a rendirse ante el miedo de este al compromiso, a entablar una relación con alguien, a tener una vida algo más feliz y plena que la que tiene. Claro que él tiene sus razones, su vida le ha marcado y eso es algo que tendréis que descubrir delante de la pantalla.

No es una maravilla, no es la mejor película que se puede ver en este momento y no quedará entre las grandes producciones de Darín, pero sí que es una cinta que merece la pena ver, ya sea en el cine o en DVD en casa dentro de unos meses. Garantiza que estaréis todo el metraje con una sonrisa, a veces de moderada tristeza y otras de alegría, y que saldréis del cine con ese leve aire de contento con el que uno sale cuando ve algo que le dice algunas cosas y en el fondo merece la pena. Su estreno en Argentina no esperaba el éxito que tuvo, era casi una película menor que fue creciendo gracias al público. Creo que en este maremagnum de cine espectacular y falto de argumento merece la pena sentarse un rato a ver algo distinto, más calmado, más suave pero muy entretenido y con momentos realmente buenos. No da más ni menos de lo que parece, es una película lenta pero que no cansa ni aburre en ningún momento, para disfrutar de varias actuaciones muy destacables y sobre todo convincentes y de un argumento con más de un momento original e inesperado. Yo la recomendaría, sobre todo para escapar de ese otro tipo de cine que, aunque también me gusta, a veces cansa un poco; para ver algo distinto. No creo que os decepcione.

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