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lunes, 14 de septiembre de 2015

"Vestido de novia", Pierre Lemaitre


En septiembre del año pasado dejé un comentario de una novela que me había gustado mucho y a la que había llegado a través de artículos de prensa. La historia se titulaba “Nos vemos allá arriba” y destacaba tanto por su originalidad en el planteamiento de la historia como en la forma de contarla. A raíz del éxito de esta novela empezaron a publicarse en nuestro país algunas de sus novelas anteriores y como quedó entre esos autores a los que seguir no hace demasiado que terminé la que os dejo hoy aquí. El año de publicación en Francia es el 2009, pero por aquí apareció a lo largo del año pasado, aprovechando, como dije, el tirón de la primera que menciono. En este caso nos encontramos ante una historia a medio camino entre el thriller y la novela negra, frontera a veces difícil de distinguir y que yo muchas veces no tengo demasiado clara. El género negro es donde más destacó en Francia Pierre Lemaitre, el autor de hoy, y la novela es “Vestido de novia”.

En su momento dejé ya la reseña biográfica de este autor francés de reconocido prestigio en su país y que está teniendo bastante éxito fuera de sus fronteras. Especializado desde el principio en novelas policiacas, de investigación y negras, con una serie de cuatro que tiene al mismo protagonista y algunas más que se salen de esa saga. “Nos vemos allá arriba” fue la primera novela que se alejó de ese género, entrando en otros terrenos completamente distintos. Esperaremos a ver por dónde va la siguiente, pero tengo claro que estará entre los autores que leeré habitualmente.

La protagonista de la historia es Sophie Duguet, a la que conoceremos en uno de los peores momentos de su vida. Cuando empieza la novela se dedica a cuidar de un niño, pero una mañana aparece muerto en su propia habitación. La puerta está cerrada, sus padres no están. Cuando despierta y lo ve lo primero que le le viene a la cabeza es que la asesina solo ha podido ser ella. La puerta está cerrada, no parece haber ningún signo de violencia ni de que nadie pueda haber entrado en la casa sin que ella se entere. Agobiada por su pasado decide escaparse rápidamente e intentar empezar una vida fuera de allí sin que nadie pueda atraparla. ¿Por qué esta reacción? A partir de aquí iremos conociendo su vida. Al principio es una mujer completamente normal, con una vida feliz, un marido que la quiere, un buen trabajo... Pero un día todo este escenario empieza poco a poco a desmontarse. Primero son pequeños despistes, olvidos sin importancia que poco a poco van siendo cada vez más preocupantes. Montones de cosa que no recuerda haber hecho. Robos en tiendas, reservas canceladas o cambiadas de día, envíos de fotos por internet que no sabe que hizo, problemas en el trabajo, correos electrónicos extraños... Todo esto hará que empiece a tomar calmantes cada vez más fuertes, a ir a médicos para que la ayuden, pero nada de esto parece tener buenos resultados, al revés, cada vez es peor. Y de aquí en adelante la muerte empieza aparecer a su alrededor. Empieza a matar gente sin ser consciente de ello ni recordar nada en absoluto. ¿Qué es lo que ocurre? Pues eso, evidentemente, no os lo voy a contar. Procuro siempre contar lo justo, pero en este caso a poco más que ponga ya sería desvelar demasiado. Tendréis que leerla para poder saber qué le pasa a Sophie, qué le lleva a hacer muchas de las cosas que hace y si es culpable o no de las que parece bien claramente que ha hecho.

La novela consta de tres partes y la primera es en la que se desenvuelve la mayor parte de lo que os he contado. En las otras dos cambiará el tono, la idea que tenemos irá por derroteros llenos de sorpresas y emoción, de momentos que harán que paremos de leer un momento para poder respirar y entender bien todo lo que está pasando.  Es un thriller de esos en los que tras cada página puede aparecer una sorpresa más que inesperada, y aunque algunas cosas las vamos a suponer muchas veces, por lo menos yo, nos equivocaremos bastante en lo previsto. La novela está llena de trampas para el lector y busca tenerlo en tensión, y creo que lo consigue bastante bien. Un inicio potente y lleno de trampas para el lector, un nudo en el que la historia da un giro y un desenlace en el que, de nuevo, las cosas cambiarán de forma poco esperada.


Es una historia muy bien narrada y muy bien desarrollada. Los personajes centrales no son demasiados, pero tampoco es necesario que haya más, porque el relato se centra de modo claro en esas historias (tampoco diré cuántas para no descubrir mucho más). En ocasiones el lector se sentirá desconcertado, sin saber qué le pasa a la protagonista, aunque quizá en ocasiones este desconcierto pueda ser demasiado grande. Cuando se despejan un poco las cosas tenemos casi otra historia distinta, pero tan buena o mejor que la primera. Hay algún punto bajo en la parte central, pero llegado cierto momento la historia sube para no volver a bajar hasta las últimas páginas, que tendrás que leer casi de un tirón porque no podrás dejarlo para el día siguiente. Algunas críticas la tildan de excesiva, casi de ridícula y patética (críticas, por cierto, de esas que hacen que te ahorres leer la novela, porque en este caso te lo cuentan todo y así pierde por completo la gracia). Puedo coincidir en parte en que a veces la historia puede parecer exagerada, incluso en algún punto increíble; pero si nos ponemos en la piel de los protagonistas y pensamos un poco en muchas noticias periodísticas, quizá no nos lo parezca tanto. No nos olvidemos nunca de que estamos leyendo una historia de ficción y como tal hay que afrontarla. Puede estar más o menos cerca de ciertas realidades, pero aunque a mí personalmente no me parezca del todo increíble, tampoco podemos comentar una novela sin ser conscientes de lo que en realidad es, una historia de ficción que pretende, por encima de todo, entretener al lector. Y en este sentido lo consigue con creces. A mí me gustó mucho, me mantuvo con el libro en las manos a veces mucho más tiempo del que tenía, pero era imprescindible saber que le pasaba a Sophie y si en realidad había hecho todo eso que pasaba a su alrededor. Leedla, no os va a decepcionar en absoluto.

sábado, 22 de agosto de 2015

"La analfabeta que era un genio de los números", de Jonass Jonasson


Curiosamente mientras en televisión o cine soy de risa fácil, cualquier chorrada me hace sonreír o carcajear, en literatura no me pasa lo mismo. Son contadas las novelas con las que me puede pasar lo mismo y últimamente cada vez menos. No hace mucho tiempo fueron las primeras novelas de David Safier las que lo consiguieron, pero creo que desde esas me sobran los dedos de una mano para recordar otras. Pero de repente apareció otro autor que lo volvió a conseguir tanto con su primera novela como con la segunda. En marzo de 2013 comenté por aquí “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”. Una historia que consiguió que durante toda la lectura estuviese con alguna sonrisa en la boca y más de una carcajada, llena de buenos momentos, sorpresas, mucho humor negro y mucho cinismo. Vamos, lo que más me gusta. Tenía pendiente desde hace tiempo la segunda historia de este autor, Jonas Jonasson, y este verano me decidí a leerla ya. “La analfabeta que era un genio de los números”, publicada en el año 2013.

Como en el caso anterior el planteamiento de la historia es de lo más histriónica, ridículo y extraño; vamos, en absoluto creíble. Pero como en el caso anterior en toda ella trasciende un sentido crítico muy fuerte, escondido entre situaciones que buscan hacer reír al lector, volvemos a encontrar una profunda crítica hacia muchos estamentos de la sociedad, sobre todo a los políticos de cualquier clase, país o tendencia. El mismo humor negro que tan bien maneja el autor en una historia que tiene el mismo aire y al mismo tiempo es completamente distinto.

En este caso la protagonista se llama Nombeko Mayeki, una joven de Soweto, un rincón dejado de la mano de Dios y sumido en la más absoluta pobreza en Johannesburgo. Allí la conoceremos trabajando en un lugar destinado al vaciado de letrinas, con un jefe y una vida que solo la puede llevar a desaparecer a una edad muy temprana. Pero Nombeko tiene algo que hará que pueda escapar de ese destino que parece tener marcado desde su nacimiento. Además de ser muy espabilada e intentar sobrevivir a toda costa es un genio con los números, capaz de realizar las operaciones más complicadas en un tiempo récord, mucho antes que cualquiera de las personas que la rodean o que aparecerán en su vida a lo largo de la historia. Esa genialidad y el azar la llevarán a poder escapar a ese destino que conocemos al principio, para pasar por tal cantidad de aventuras que parecerá imposible que todo ello pueda pasarle a la misma persona. Su destino va a estar marcado por una línea llena de curvas, de altibajos, de sorpresas inesperadas y de personajes que se irán cruzando en su camino, sobreviviendo y ascendiendo siempre; pero también con malos y difíciles momentos. Así por su vida irán pasando desde un falso especialista en física nuclear, dos agentes del Mossad, tres chinas que se dedican a las falsificaciones, dos hermanos gemelos suecos que curiosamente tienen el mismo nombre, el rey de Suecia o dirigentes de países completamente alejados de la realidad en la que nace la protagonista. Así recorrerá un camino lleno de aventuras, llegando casi a ser pieza clave en la supervivencia de la humanidad y para el equilibrio político mundial y terminando su vida en un lugar y una situación con la que ella ni el lector podrían soñar en ningún momento.

Mantiene el mismo aire que su primera novela, pero a mí particularmente, aunque por poco, me gustó algo más esta. Me parece más divertida en muchos momentos, más ágil en cuanto a las situaciones que desarrolla, más movida y se lee avanzando casi sin darte cuenta. Una historia completamente desenfadada, llena de momentos tan ridículos que casi se los puede uno creer. Son muchos los momentos que sorprenderán al lector, que está esperando algo y lo que se produce es o lo contrario o algo que no tiene casi nada que ver. Personajes que parece que ya no van a tener importancia vuelven a aparecer como por arte de magia para tomar de nuevo parte importante en la historia. Situaciones que parecen irresolubles encuentran siempre un camino de salida en la imaginación del autor. Cierto es que el aire, la forma de contar, de escribir y de solucionar muchas cosas es completamente similar a aquella historia del abuelo centenario que un día decide escapar del asilo y se encuentra una maleta llena de dinero. También que los personajes tienen ese aire entre ridículo y real que tenían muchos de los de la anterior novela. Y aún así, coincidiendo en muchas cosas con la otra, tiene suficientes elementos como para seguir sorprendiendo al lector y entreteniéndolo de una forma muy efectiva.


Una historia que se desarrolla de una forma rápida, muy original y buscando siempre la sorpresa y la sonrisa del lector, llena de momentos que harán que posiblemente el lector pare un momento para digerir la situación. Unos personajes, del primero al último, realmente simpáticos y nada planos, cambiantes para adaptarse a las situaciones con las que se van encontrando. Una carga tremenda de humor negro, de cinismo, de crítica política sobre todo enfocada a los manejos y los acuerdos, a cómo juegan los políticos con las situaciones buscando la mayor parte de las veces más su propio bien que el bien común. Creo que es una lectura muy recomendable si queréis pasar un buen rato con algo que además de divertido tiene un fondo más que apreciable e interesante.

martes, 11 de agosto de 2015

"Bizancio", Stephen R. Lawhead


Ya dije que uno de los géneros literarios que más me gustan cuando están bien hechos es la novela histórica y hoy voy a escribir alguna cosa sobre una de las novelas históricas que más me gustaron. La verdad es que no es una novela reciente, pero para aquellos que me leen os recomiendo que intentéis conseguirla, porque realmente merece mucho la pena. El título es “Bizancio” y el autor Stephen R. Lawhead. Llevo muchos años siendo socio del Círculo de Lectores y allá por el año 1998 (que ya llovió) aparecía esta novela en su revista, no conocía de nada al autor, pero el tema de la novela y el resumen que aparecía me llamó la atención y como no había nada demasiado apetecible pues la pedí. Cuando empecé a leerla descubrí que fue una decisión completamente acertada.

Es un novelista nacido en Nebraska, Estados Unidos, en el año 1950. Fue profesor durante cinco años en la Universidad de Chicago y al mismo tiempo publicó diversos artículos y ensayos en revistas universitarias. Su interés por la cultura celta lo llevó a irse a vivir a Gran Bretaña, donde se dedicará exclusivamente a la literatura. Es autor de varias novelas que conforman ciclos, como el “Ciclo de Perdigón” o la trilogía “La canción de Albión” que lo convirtieron en uno de los autores más reconocidos de la literatura fantástica inspirada en leyendas arterias (reconozco que aún no leí ninguna de estas, pero también están en la lista de próximas lecturas), además de la serie de “Las cruzadas celtas” o las del “Rey Raven”. También escribió varias novelas infantiles también en varios volúmenes como las “Historias de Riverbank” o la serie “Howard”. “Bizancio” fue su primera incursión en la novela histórica, publicada en inglés en el año 1996. Tras esta otras dos obras del mismo género como “Avalón. La historia del rey Arturo” (1999), “Patrick” (2003) o “El señor del bosque” (2006). Por si a alguien le interesa tiene una página web, en inglés, claro: 

“Bizancio” está inspirado en la vida de San Aidano y relata el viaje realizado por este místico irlandés a las lejanas tierras de Oriente. Un viaje lleno de peligros y sorpresas que lo llevarán a contemplar la impresionante belleza de la capital bizantina y descubrir un mundo nuevo, dentro y fuera de él mismo. El protagonista es un monje, Aidan Mac Cainnech, que cree tener el don de ver el futuro en sueños. En uno de ellos contempla su propia muerte y no duda ni por un momento de la veracidad del mismo. Acabará sus días con sufrimiento y miedo en una lejana y hermosa ciudad llamada Bizancio. Cuando su abad lo selecciona para formar parte de un séquito de once monjes irlandeses que partirían hacia el Imperio Bizantino supo que su destino empezaba a correr hacia él y no iba a hacer nada por evitarlo. Parte con la misión de entregar al Emperador un valioso regalo, el Libro de Kells. Estamos en el siglo XI, los mares están llenos de vikingos y él nunca podrá imaginar que va a caer en manos de esos bárbaros. Este va a ser su primer contratiempo en su fascinante viaje. Será esclavo, embajador, espía, falso sarraceno..., y continuará su camino hacia el esplendor de las doradas cúpulas de Bizancio. Pero a medida que avanza va descubriendo que no todo está escrito, y mucho menos aún su destino, y que en muchas de las cosas que tendrá que hacer no se reconocerá a sí mismo.

La novela es tremendamente entretenida y fluida. La narración está hecha en primera persona y el monje es el personaje principal, tanto es así que a los demás igual les falta algo de profundidad, aunque tampoco es que sea demasiado necesaria y no estropea para nada la fascinación de la lectura, de las aventuras y, sobre todo, de los distintos grupos, sociedades y formas de vida con las que se va encontrando en su viaje, y la tensión argumental se mantiene perfectamente a lo largo de algo más de setecientas páginas. Esta narración en primera persona refleja perfectamente las contradicciones, las dudas que surgen en el protagonista, su evolución en su forma de ver la vida, la sociedad y a sí mismo. Quizá un defecto es que al final todo se resuelve algo más rápidamente de lo deseado, como si el autor pensara que ya se estaba alargando demasiado y decidiera terminar, pero esto no empaña demasiado la maravillosa lectura que estamos realizando.

El ritmo narrativo es trepidante y engancha rápidamente al lector y la historia es sencilla y directa, una lectura que se hace con facilidad y gusto, disfrutando de cada página y deseando constantemente ver qué va a pasar a continuación.

No es habitual que lea una novela más de una vez, pero esta la leeré dentro de poco por el buen recuerdo que tengo de ella. Os recomiendo si no la conocéis que intentéis haceros con ella, estoy seguro de que os va a encantar.

No había vídeo adecuado, así que os dejo uno sobre una de las últimas obras de este autor, a ver si también os animáis, yo pienso leerla.

jueves, 9 de julio de 2015

"Jurassic World"


En 1993 Steven Spielberg revolucionó de nuevo el cine de entretenimiento con una película que es ya un clásico para todos dentro de este género. No voy a descubrir ahora a nadie al director, desde mi punto de vista, que más ha hecho por el cine concebido como espectáculo y siempre con algo de calidad. Creo que solo un par de sus películas me han decepcionado un poco y la mayor parte de ellas figuran entre las más taquilleras de la historia del cine. Además son de esas que pasados unos años vuelves a ver con bastante agrado y siempre con una pequeña sonrisa de nostalgia en la boca, recordando lo mucho que habías disfrutado en el cine cuando la estrenaron. De entre todas ellas “Parque Jurásico” ocupa, para mí, un lugar especial. La cara de asombro que se te quedaba mientras avanzaba el metraje casi nos pudo llevar a algunos a desencajarnos la mandíbula, porque cada escena superaba a la anterior. Cada momento de tensión era seguido de otro aún mayor, y todo ello explicado y concebido de una forma tan lógica que casi parecía cierto. Aquellos dinosaurios para nosotros estaban completamente vivos, nada de efectos digitales ni cosas de esas, te lo creías a pies juntillas. Visto todo lo que se hace ahora en este campo aún tiene más mérito el trabajo realizado en aquel momento, donde las cosas aún eran un poco más difíciles. Para los que la vimos en aquel momento en el cine es difícil olvidar aquel Tiranosaurio Rex o, por supuesto, los malvados velocirraptores. 

Viene todo esto a que este último fin de semana tocó cine, que hacía tiempo que no pisaba una sala y la película que fuimos a ver fue la recientemente estrenada secuela de esta primera, “Jurassic World” (es que ahora parece más moderno mantener los títulos en inglés...). Cuando vi el trailer la verdad es que me llamó bastante la atención y viendo las cifras del estreno y el éxito de público me animé a verla, aunque en el fondo tenía bastantes ganas.

A ver, no aporta nada de nada al cine y, por supuesto, tampoco mejora en ningún momento al “Parque Jurásico” de los 90. Aún así es una película muy entretenida, las dos horas que dura se me hicieron realmente cortas, y merece la pena. Para el espectador actual, acostumbrado a ver de todo o casi todo en cuanto a efectos especiales, quizá no le sorprenda ni le diga demasiado. A mí personalmente me sigue pareciendo espectacular todo lo que se puede hacer ahora en ese campo, aunque en muchos momentos echo de menos los más artesanales de toda la vida, aunque se notaran un poco más. Para los que fuimos fans del original aún tiene más alicientes. La película está llena de guiños al espectador de aquellos años. Un edificio, una camiseta, un jeep... Pero por encima de todo destaca la genial y épica banda sonora de John Williams, compositor de una buena cantidad de muy recordadas bandas sonoras. Suena de fondo en muchos momentos, desde la espectacular presentación inicial del parque hasta otros de más tensión o que pueden recordar al original, no voy a decir cuáles, porque el que la vaya a ver, como yo, con el gran recuerdo de la primera los descubrirá con mucha facilidad.


La historia tampoco es nada del otro mundo, sigue la misma línea que la otra. Ser consciente de que no podemos dominar la naturaleza y mucho menos a unos grandes animales creados artificialmente y contra los que no es que estemos demasiado preparados. Vamos, que uno se descontrola y se lleva por delante todo lo que encuentra mientras nuestros héroes intentan que todo vuelva a la normalidad con el menor número de víctimas posible. Lo mismo pero cambiando un poco la situación, los personajes y poco más. Tampoco es que pueda dar mucho más de sí, es más de lo mismo, pero sigue siendo igual de entretenido y espectacular.

El director es Colin Trevorrow, un desconocido para mí y que poco más ha dirigido. De todos modos se nota perfectamente que detrás está la mano de Spielberg, que debió de estar a su lado casi en todo momento. El mismo tipo de escenas, de juegos con el espectador buscando el impacto o el salto en la butaca, el mismo tipo de humor para romper la tensión de algunas escenas... No está exactamente detrás de la cámara, pero sí muy cerca.

Y los actores tampoco es que sean demasiado conocidos. Alguno ya aparecía en la primera, pocos, claro. El resto son actores en crecimiento que se van buscando el sitio. El protagonista es Chris Pratt, al que pudimos ver, por ejemplo, en otro de los éxitos de estos últimos años, “Los guardianes de la galaxia”. La verdad es que está bastante bien en ese papel de galán aventurero muy al estilo de las películas antiguas, capaz de solucionar cualquier cosa. El papel femenino es para Bryce Dallas Howard, una actriz con algo más de cine a sus espaldas. En su caso pasó de no gustarme demasiado al principio a ir mejorando poco a poco a medida que avanza la película. Y a su lado un par de niños que dan el toque desvalido y a los que hay que ayudar y, por supuesto, los dinosaurios (y de entre todos ellos, como ya pasó antes, los raptores se comen a todos los demás, tanto en sentido cinematográfico como literal).

Lo que más me gustó es que en cuanto al diseño del parque, a la idea del mismo y como podría haber sido, mantiene la idea inicial de los 90 y se acerca bastante a cómo sería si no se hubiera producido el desastre. Está muy por encima de las dos secuelas que tuvo en 1997 (“El mundo perdido”, que aunque la dirigía Spielberg era regular) y en 2001 (“Parque Jurásico III”, que no me gustó demasiado) y quizá esta sería la mejor secuela que podíamos esperar. Aunque me temo que viendo alguna cosita del final quizá esta también tenga una continuación. Los dinosaurios tienen el mismo aspecto que en los 90, no cayendo en la tentación de intentar mejorar algo que los fans consideramos inmejorable. Quizá lo mejor de la película sea ese respeto a la estética de los 90 en casi todos los sentidos, y eso fue una de las cosas que más me gustaron y más me hicieron disfrutar de la historia.


A mí me gustó mucho, me pareció muy entretenida y con momentos realmente buenos. De todos modos sigo pensando lo mismo que ya he comentado en otras ocasiones. Cada día que pasa el cine de Hollywood está cayendo más en las continuaciones, en la filmación de nuevo de historias que ya no son nuevas, de volver a hacer lo mismo pero solo dándole algo más de espectacularidad. Cuando vimos esta nos pusieron el trailer de “Los Cuatro Fantásticos” y veo que, de nuevo, nos van a contar la misma historia de cómo se gestaron esos superhéroes. Por favor, no me volváis a contar la génesis, contadme una historia nueva que esa ya la vi no hace tanto tiempo. Lo mismo se puede aplicar a otras recientemente estrenadas, cosas como “Mad Max” o, como leí el otro día, una nueva versión de un clásico del cine de terror de mi juventud, “Poltergeist” (que también tenía guión de Spielberg, por cierto). Me parecen completamente innecesarias, seguiré con mis series de televisión, donde sigo pudiendo ver cosas más originales y con más calidad.

jueves, 11 de junio de 2015

"Better call Saul"


Hace tiempo que no comento ninguna serie de televisión. La verdad es que cada día aparece alguna nueva, pero no me doy puesto con ellas, primero queremos terminar aquellas con las que estamos, que sino mezclamos demasiado y nos volvemos un poco locos. Además cada día hay más y hay que ver a qué te enganchas, a cuáles le das una oportunidad y a cuáles no, que tampoco es cuestión de estar todo el día delante del televisor. Pero hace poco empecé a ver una a la que le tenía ganas por varias razones y no me está decepcionando nada.

“Breaking Bad” creo que va a ocupar el número uno de mi ranking particular durante bastante tiempo, sigo sin ver ninguna que sea capaz de arrebatárselo, aunque alguna se queda cerca. Durante su última temporada circuló que era más que probable que de ella surgiera lo que se llama un “spin-off”, un concepto que creo que todo aficionado conocerá. Por si acaso quiere decir que de un personaje más o menos secundario de una serie sale otra de la que será protagonista. Esto ha pasado en más de una ocasión con más o menos fortuna, porque lo que funciona dentro de un cierto ambiente o guión no tiene por qué funcionar de otra forma como personaje individual. Pero si hay un secundario de serie que mereciera tener la suya propia es el gran Saul Goodman, el abogado que se dedicaba a blanquear el dinero que ganaba Walter White con las drogas que fabricaba y vendía y que se anunciaba a lo grande en televisión, vallas publicitarias y demás. En esta serie la verdad es que sus apariciones eran antológicas y en más de una ocasión se comía a los verdaderos protagonistas de la serie. Así que algunos pensaron en seguir estirando el éxito de la serie contándonos la vida de este especial abogado antes de tener contacto con el mundo sórdido y violento de la serie original. Y de aquí sale la serie de hoy, “Better call Saul”.

Partamos de que los guionistas y productores de esta nueva serie son Vince Gilligan y Peter Gould, los mismos de la serie de la que salió el amigo Goodman. Y se nota en cada momento de los capítulos de este spin-off. El mismo tipo de ambiente, la misma forma de filmar y de presentarnos las escenas, los mismos y extraños principios de capítulo que te dejan siempre con muchas ganas de saber qué va a pasar. El mismo tipo de actitudes, de personajes extraños, histriónicos y atractivos, la misma intervención de la música para acrecentar la tensión de las escenas... Todo está presentado casi de la misma manera y es fácil pensar que en lugar de ver una nueva serie estás viendo una nueva temporada de la anterior pero cambiando un poco la historia. Cierto es que no está a la misma altura, eso es algo prácticamente imposible, pero no está demasiado lejos y resulta bastante atractiva, sobre todo si fuiste un seguidor de la misma. 

El mayor atractivo de la historia está en conocer capítulo a capítulo cómo llego este abogado a tomar contacto con los personajes de “Breaking Bad”, que hizo que se dedicara a los casos más sórdidos e ilegales, aunque en la serie original poco más sabíamos de lo que hacía, ya que estaba centrado en la historia que nos estaban contando. El inicio del primer capítulo es realmente genial. Vemos a un Goodman trabajando en un local de cafés y bollería, con un buen bigote y sospechando de casi todo lo que tiene alrededor. Cuando llega a casa se sirve una copa y mira con nostalgia los anuncios de “Mejor llame a Saul” que tantas veces vimos o escuchamos; y mientras lo hace unas lágrimas de pena y nostalgia van apareciendo en sus ojos. De estar en lo más alto en cierto sentido ahora se encuentra así. Y de ahí iremos a unos años, unos cuantos, antes. Veremos que en esa época no era aún Saul Goodman (aunque será un nombre que aparecerá algunas veces en historias de su juventud). Ahora es Jimmy McGill, un más o menos joven abogado que intenta hacerse un hueco en ese difícil mundo. Trabajando como abogado de oficio, cobrando una miseria, malviviendo y con un despacho que da más pena que otra cosa. Además tiene que encargarse de su hermano mayor, otro abogado que en este momento no ejerce por razones que descubriréis cuando veáis la serie. Y a su alrededor, además de las distintas historias, iremos viendo cómo aparecen algunos personajes con los que tendrá contacto después. Desde Tuco, el delincuente con el que también trabaja en la serie original, hasta otro de los personajes que también casi podría tener serie propia y que creo que meten aquí precisamente por esa razón. Era otro de los que tenían una intervención importante en las andanzas de Walter y Jessie, hablo de Mike Ehrmantraut, el casi solucionador al que tenía que recurrir para que arreglara muchos de sus desaguisados o les echara una mano con sus problemas; el ex-policía que tenía una hija con la que no se trataba y algunas cosas más (pues de esto también sabremos algo más y también como se conocieron él y nuestro protagonista, Jimmy).

Saul Goodman o Jimmy McGill, lo de menos casi es el nombre. Lo mejor es el personaje y cómo está planteado; y, sobre todo, como se va desarrollando la historia. Nos encontramos al principio a un abogado que lo único que quiere es sobrevivir a toda costa, labrarse un nombre en el mundo de los abogados y poder tener un sueldo que le permita vivir de la mejor manera posible. Veremos como algo antes era un pequeño delincuente y cómo algunos de esos delitos le llevan a intentar cambiar su vida. Poco a poco iremos viendo cómo llega a ser el abogado que conocimos antes, aquel al que la honradez y la legalidad le importa bien poco y que es capaz de jugar con toda la terminología legal para alcanzar su objetivo, principalmente ganar dinero. Aunque tiene ya ese aire veremos a un personaje algo más honrado, que quiere hacer las cosas bien pero al que esa actitud no le suele dejar demasiadas cosas buenas. Así que va a tener que optar por coger el camino del medio. 

Además de cómo se desarrollan las historias, que como dije tienen el mismo aire de humor negro que la serie de la que parte, lo mejor es el actor y el personaje. Bob Odenkirk borda el papel de Jimmy McGill, realmente bueno y brilla por encima de todos los demás. Un hombre que tiene más vidas que un gato y, como estos, siempre cae panza arriba. Con una verborrea impresionante que es capaz de sacarlo de casi todos los aprietos y problemas, y siempre se mete en bastantes. Que siempre tiene la idea adecuada para seguir adelante y sacar beneficio, que con su ágil mente es capaz de salir del agujero más grande. Y va a tener que enfrentarse a muchos, pero muchos problemas, muchas situaciones comprometidas que, aunque sabemos que no pasará, parecen que van a acabar con él. Eso sí, vamos a encontrarnos con esos extraños argumentos a los que estos dos guionistas nos tienen acostumbrados, que tienen tanto de geniales como de inesperados. En ese sentido uno de sus mayores méritos es que casi nunca vamos a poder deducir lo que pasará, las sorpresas están garantizadas y las cosas muchas veces no irán por donde esperaríamos. Y por supuesto tampoco faltará al genial humor negro al que nos acostumbraron, presente en muchos momentos y que hará que sea imposible no reírse a carcajadas en más de un momento, casi al mismo tiempo que puedes llegar a temblar por el límite al que llegan algunas situaciones.


Ya dije que evidentemente no está a la misma altura que “Breaking Bad”, pero tiene suficientes de los buenos elementos de esta como para gustar, y mucho, a los que la sufrieron y la disfrutaron. Es inevitable que nos la recuerde y está hecho a conciencia. Pero incluso los que no la vieron podrán disfrutar de esta, algo menos violenta y negra que la anterior, aunque también tiene sus cosillas. Solo me fastidia que sea de esas cortitas, diez capítulos forman la primera temporada, de la que llevo cinco, y tendré que esperar hasta el año que viene para poder ver la segunda. De momento me está gustando mucho, cincuenta minutos de buena televisión en todos los sentidos, ahora solo espero que en los cinco que me quedan para terminar no decaiga.

miércoles, 20 de mayo de 2015

"La ley de los justos", Chufo Lloréns

Hoy voy a dejar algunas impresiones sobre una novela que prácticamente acabo de terminar. De un autor que ya ha aparecido en varias ocasiones por aquí, creo que he comentado casi todas sus obras, y que nunca me decepciona. Es más, creo que en el género de la novela histórica, es el que se lleva todas mis preferencias en este momento muy por encima de otros quizá más reconocidos internacionalmente. Hablo de Chufo Llorens y su último trabajo de muy reciente publicación, “La ley de los justos”.

Me ahorro la reseña biográfica, ya que he comentado todas o casi todas sus novelas, así que podréis encontrarla navegando un poco por las entradas anteriores de este blog.

Lo primero que leí de él fue “Te daré la tierra” y me dejó realmente encantado, una buena novela histórica que transcurría en un tiempo muy pasado y muy habitual dentro del género. Luego llegué a una anterior, “La saga de los malditos”, que me pareció una historia entre dos tiempos muy compleja y realmente espléndida. Pero mis preferencias sobre este autor casi van cambiando con cada nueva historia y, tras la lectura de esta última y hasta que aparezca la siguiente, creo que me voy a quedar con “La ley de los justos” como la mejor novela de Lloréis.

En este caso estamos ante un relato que transcurre en la Barcelona de finales del siglo XIX. En ella transcurre la mayor parte del relato, con algunos momentos importantes que se van más allá del Océano Atlántico para llevarnos a Cuba durante la época de la guerra que terminará con la pérdida de la isla y otras colonias por parte de España. Como siempre en este tipo de novelas los personajes de ficción se van mezclando con los que realmente existieron, que en este caso son bastantes. Al mismo tiempo los hechos de ficción se juntan con hechos que realmente ocurrieron. La maestría del autor que hace esto está en que esa mezcla entre ficción y realidad sea tan buena que el lector casi no distinga cuáles son cuáles y todo parezca tan real como lo ocurrido en la historia. Aquí tenemos desde la Exposición Internacional de Barcelona hasta una serie de atentados anarquistas y otros importantes detalles. Tanto que durante la lectura y al terminarla me he ido a internet a buscar a varios personajes, a indagar en aquellos hechos históricos que el autor maneja con tal maestría que casi todo en la historia parezca creíble. Gracias a ello y a mi curiosidad me he enterado de muchas cosas que desconocía, algunas sorprendentes para mí. Por poner un ejemplo, sabía de la personalidad del poeta catalán Jacinto Verdaguer y de su condición de sacerdote, pero desconocía por completo su afición por las posesiones demoniacas y la realización de exorcismos, conferencias sobre el tema y demás. Hay otro personaje que tras la lectura descubrí que era más o menos real, aunque el autor reconoce una licencia en cuanto a su uso por haber vivido años después de lo contado en la novela. Me refiero a Pancarta Betancourt, un personaje estremecedor y del que no voy a decir nada más, leed la novela y seguro que cuando lleguéis al final, a las notas del autor, iréis como yo a internet a investigar un poco al personaje real al que refleja.

Como en todos estos casos la historia circula alrededor de varias familias que van entrecruzando sus destinos de diversas y variadas maneras. Algunas de ellas de la alta burguesía barcelonesa y otras de los demás estamentos sociales. Creo que no queda ni un solo grupo social sin aparecer en la historia en mayor o menor medida y casi ningún tipo de acontecimiento que no podamos encontrar en la historia. Economía, música, guerra, historia y todo ello entrecruzando los destinos de estas familias.

Los Bonafont, con Juan Pedro como uno de los protagonistas centrales de la historia, junto con su hermano Máximo y su madre Luisa. La familia de clase baja que trabaja para poder subsistir de la mejor forma posible.
Los Ripoll y los Guañabens son los representantes de esa alta burguesía barcelonesa, comerciantes y dueños de negocios tanto en la ciudad como en la lejana Cuba con el comercio de tabaco y otros productos fundamentalmente.
Claudia Codinach es otra de las mujeres importantes en la historia, una joven cantante de ópera que pretende ser alguien en un mundo complicado donde es difícil triunfar sin buenos padrinos y maestros. 
Alfredo Papirer, otro de los elementos que vive a la sombra de Germán Ripoll, que es el protagonista antagonista de la historia.
Y a su alrededor criados, militares, marinos, esclavos, dueños de plantaciones sin escrúpulos unos y con ellos otros..., un auténtico conglomerado de personajes para montar una historia fantástica y realmente entretenida.

En el fondo, como casi todas estas historias, el centro es una historia de amor entre dos personajes llena de problemas y dificultades, de muros que se alzan entre ellos por la diferencia de clase social (no desvelo demasiado porque aparece ya en las primeras páginas) y de gente que los ayuda y de otra que impide por completo la relación. Junto a esta todo este gran grupo de personajes hace que todos los grandes temas aparezcan en el relato perfectamente engarzados. La envidia, las ganas de crecer social y económicamente, el egoísmo que mueve a muchos de ellos, la supervivencia de los pobres, los abusos... En el fondo no deja de ser un gran folletín decimonónico, dejando claro, como he escrito en otras ocasiones, que no le doy a esta palabra un sentido peyorativo. El género de las novelas por entregas de finales del XIX sigue presente por completo en este tipo de historias. En aquel momento la entrega acababa siempre en un momento culminante que hacía que el lector estuviera esperando con ganas la siguiente. En este caso tenemos la ventaja de que al acabar el capítulo en una situación de tensión o incertidumbre ya tendremos el siguiente a nuestro alcance.

Es una novela muy larga, quizá de las más extensas que he leído últimamente, pero como en las demás de este autor, he disfrutado por completo de cada página. He sufrido, me he alegrado y en más de un momento quizá he lanzado un improperio por la profunda maldad de algunos personajes y el daño que le pueden hacer a otros. Es una historia triste en muchos momentos, dura en otros y llena de oscuridad y negrura, de personajes tan egoístas que son capaces de cualquier cosa por conseguir sus objetivos. Y en más de una ocasión, aún esperándolo, me he sorprendido por el giro que toman los acontecimientos. En ningún momento se me ha hecho larga o pesada, todo lo contrario. La verdad es que es de las pocas últimamente que me ha llevado a dejar otras cosas para poder seguir con la historia de Juan Pedro y Candela y todos los demás personajes que circulan a su alrededor y sus historias, que son muchas y muy bien contadas. La verdad es que al final se me ha hecho hasta corta y no tenía demasiadas ganas de acabarla.


Para mí una novela muy recomendable para los aficionados a la novela histórica y a los relatos complejos, bien contados y variados tanto en situaciones como en personajes. Tan bien contada que es fácil imaginar todo lo que estás leyendo a medida que lo vas haciendo, tan cinematográfica como todas las anteriores. Estoy seguro de que si fuera un autor extranjero sería uno de esos best-seller internacionales que tan bien se venden. Ahora a esperar por la siguiente, que tardará, porque el trabajo de investigación que tiene detrás “La ley de los justos” es complejo y exhaustivo, aún así la espero con ganas.

viernes, 13 de marzo de 2015

"La bibliotecaria de Auschwitz", Antonio G. Iturbe



La novela de hoy llevaba ya algún tiempo en la lista de pendientes pero no me daba animado a leerla. Recientemente dejé a cada alumno y alumna de mi grupo de segundo que eligieran una novela para leer en esta segunda evaluación, con mi aprobación, evidentemente. Y me llamó la atención que una de ellas eligiera este título, así que me puse a leerla de una vez. Hablo de “La bibliotecaria de Auschwitz” de un autor español, Antonio G. Iturbe.

Innumerables las historias sobre muchos acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y muchas de ellas circulando alrededor de historias de judíos o de personas que los ayudaron en esa tremenda época, también otras que transcurren en los campos de concentración o en relación con ellos. Soy bastante aficionado a este tipo de lecturas, que siempre logran conmover al mismo tiempo que horrorizan al lector, siempre pensando que la realidad puede superar con creces a la ficción y que el nivel de maldad y salvajismo del ser humano es mucho mayor en la realidad que en cualquier tipo de ficción. Parecería que ya están todas contadas, pero no, seguramente quedan miles de historias de héroes anónimos, de sufrimientos incomprensibles y de relatos que seguirán haciéndonos estremecer. Hechos que creo que nunca debemos ni podemos olvidar y este tipo de novelas pueden contribuir a que esto no ocurra. 

Antonio G. Iturbe es un autor nacido en 1967 en Zaragoza y crecido en la zona de la Barceloneta. Estudió Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona y se dedica sobre todo al periodismo cultural. Fue coordinador del suplemento de televisión de “El Periódico”, redactor de la revista de cine “Fantastic Magazine” y colaborador en diversos programas de radio y en suplementos culturales de otros periódicos. También trabaja desde hace años en la revista “Qué Leer”, de la que fue director durante un tiempo. En este momento está inmerso en un nuevo proyecto digital y en papel, www.librujula.com. Su primera novela es del año 2005, “Renglones torcidos” y la siguiente “Días de sal”, además de una serie de libros infantiles, “Los casos del Inspector Cito”. Por el momento esta que os comento hoy es su última novela.

Vamos a leer una historia que transcurre en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, en un de los campos de concentración más conocidos de todos por su tamaño y por ser, quizá, uno de los más brutales y donde más atrocidades se cometieron. El centro de la historia es una niña de 14 años, Dita Adlerova que sobrevive en el que los nazis llaman “campo familiar”, una especie de reducto más ¿humano? dentro del horror. En él conviven familias enteras, los niños asisten a clase y el resto está algo más cuidado y libre que fuera de él. En realidad no es más que un escaparate propagandístico por si un día aparece la Cruz Roja Internacional a visitarlo y poder decir que en realidad en esos campos no pasa ni se hace lo que se comenta por ahí. A su lado llegan los trenes de judíos que van directamente a las cámaras de gas o al campo de trabajo, teniendo como único objetivo sobrevivir el mayor tiempo posible. Dentro de ese pequeño y especial campo un grupo de mayores se encarga de cuidar y vigilar a los niños y, de paso, intentar enseñarles algo sin que los dirigentes del campo se enteren, ya ye la enseñanza esta terminantemente prohibida. Sin papel, lápices o libros es bien difícil pero hacen lo que pueden. Bueno, libros sí tienen, poco más de cinco o seis que van pasando de mano en mano, de profesor en profesor para intentar que todos esos niños aprendan algo y, sobre todo, que tengan una cierta apariencia de normalidad, que durante unas horas al día puedan escapar de ese horror que los rodea. Cuando escuchan esos libros leídos por los profesores los niños pueden soñar, pensar que están en otro sitio completamente distinto. Y también tienen los libros vivos, los profesores y profesoras que recuerdan historias que han leído y se las van contando poco a poco y por turnos a los alumnos. Y Dita es la encargada de cuidar, vigilar, prestar, esconder y mantener vivos esos libros. Vivos porque es así como los trata, como seres enormemente importantes y básicos para poder seguir viviendo. Al lado de Dita sus padres, sus amigos y amigas y una serie de personajes que tienen todos ellos un papel importante en la historia. Y enfrente los asesinos, encarnados por encima de todo en el personaje del doctor Mengele, el médico que se dedicaba a hacer experimentos crueles y sangrientos con los confinados en el campo y que casi como un dios decidía quién moría y quién vivía un poco más. Los oficiales y soldados nazis que manejan el campo a su antojo, relacionándose con los judíos como si fueran animales o algo peor, cosas sin la más mínima importancia. Pero no todos ellos, alguno se salva de esa quema personal y aparecerá para romper un poco esa salvaje dinámica.

Evidentemente la historia es triste, brutal y dura, como todas las que transcurren en esa época y circulan alrededor de ese tema. Pero como todas esas narraciones tiene sus momentos de ternura, de esperanza, de buscar la libertad en cosas tan pequeñas y que hoy nos parecerían sin importancia que casi nos hacen sonreír. Pero es una sonrisa de cariño, de compartir ese sufrimiento y de conseguir alegrarnos un poco con esas pequeñas situaciones. Creo que la historia es bastante realista, no se ceba demasiado en lo oscuro sino que tiene una alternancia casi perfecta entre esa profunda tristeza y un optimismo que es el que los mantiene vivos. Tiene momentos muy duros, muchos y continuos, pero casi siempre acompañados de la mirada de cierta alegría y esperanza de Dita y algunas historias que hacen que la puerta nunca se cierre del todo. El autor habló directamente con la protagonista, cuya historia conoció casi de casualidad y que iba a convertir en un artículo periodístico. Pero poco a poco fue viendo que ahí tenía material para algo más, para un relato de una parte de una vida que merecía ser conocido por mucha más gente y así llegó la novela que comento hoy.

Una parte más que importante dentro de la historia son los libros. El respeto y la adoración que siente Dita por esos instrumentos de evasión que le permiten salir con la imaginación de esa dura realidad en la que vive. Estar ocupada cuidándolos como si fueran otros habitantes del campo, sin dejar que desaparezcan o se deterioren demasiado. Escondiéndolos para que los nazis, que los tienen prohibidos, no los encuentren. Sufriendo cuando vienen al barracón a controlarlos, sufriendo cuando un lomo se despega o una página se deteriora... Y escondiéndose para poder leer, para poder vivir esa vida de ficción como si fuera real, o sentándose a escuchar las historias que los profesores casuales les van contando. Cuando el autor habló con Dita esta parece que ya no recordaba demasiado bien los títulos y ahí intervino la imaginación del novelista. Dos destacan por encima de todos, una edición de “El Conde de Montecristo”, otro famoso preso que supo escapar de su destino y “Las aventuras del bravo soldado Schwejk”, de Jaroslav Hasek. Esta segunda elección me trajo muchos recuerdos, una serie de novelas que leí cuando era mucho más joven y de las que guardo un gran recuerdo, cínico, antimilitarista, crítico y con unas historias muy divertidas. Tanto es así que las estuve buscando por casa, pero tengo la impresión de que fueron de esas que desaparecieron en una mudanza, porque no están por ninguna parte.


“La bibliotecaria de Auschwitz”, una novela muy recomendable en todos los sentidos. Muy bien escrita, atrapa al lector desde un principio con un estilo muy fácil de leer y asequible a cualquier lector. Tan tierna como dura pero siempre con ese aire de esperanza y cierto optimismo que desprenden las historias que transcurren en esta época. Con unos personajes perfectamente vivos y creíbles, tanto que los puedes imaginar con mucha facilidad. Un tipo de novela que no es demasiado habitual dentro de la literatura en castellano y sí en otras lenguas, sobre todo por su temática. A mí me gustó mucho y lo cierto es que tuvo un buen éxito de ventas y algunos premios. No sé si fue editada ya en otras lenguas, pero creo que podría hacerlo tranquilamente ya que la historia es tan universal como todas las de este tipo. ¿Cuántas historias de la Segunda Guerra Mundial, de los campos de concentración, de los judíos que murieron o sobrevivieron o de los muchos que los ayudaron quedarán por contar? Seguramente muchas, y de gran parte de ellas no llegaremos a saber nada.

martes, 27 de enero de 2015

"Sons of Anarchy", temporada final


En enero de 2011 dejé por aquí un buen comentario sobre una de esas series que me había atrapado casi desde el primer capítulo que vi. En aquel momento había visto las tres primeras temporadas y aún no sé muy bien por qué (supongo que porque otras se metieron por el medio) la dejé un poco apartada. Ahora, tras terminar hace poco de disfrutar la séptima y última temporada, no me resisto a dejar unas palabras finales sobre “Sons of Anarchy” que, tras “Breaking Bad” ocupa el segundo puesto (y muy cerca del primero) en mi lista personal de series favoritas.

En pocos meses me he ventilado las cuatro temporadas que me quedaban y esta séptima y última aún está pendiente de estreno por aquí, pero como no podía aguantar la vi en versión original subtitulada (algo que recomiendo encarecidamente, sobre todo con esta serie, merece la pena verla tal cual). Hace pocos días que terminé de verla y aún me queda ese regusto amargo que permanece cuando realmente has disfrutado de algo, has sufrido con ello y por un lado no quieres que se termine, pero por otro sabes que en algún momento tiene que hacerlo. Además cuando algo tiene éxito aparece la tendencia, sobre todo en series, a estirarlo hasta lo indecible, con temporadas de relleno y cosas que no aportan nada nuevo. En el caso de Sons no recuerdo ninguna temporada que me dejara esa sensación, en todas ellas hay mucho y muy bien contado, entre otras muchas cosas.

Podéis leer tranquilamente porque no voy a contar nada de lo que pasa en ninguna de ellas, y menos en la última, solo me daré el gusto de decir que el final me pareció, personalmente, redondo. En lo que se refiere a toda la serie me reafirmo en todo lo que dije hace ya unos años, pero acrecentado, algo que podéis leer AQUI si queréis. Me voy a limitar a añadir algunas cosas, a dejar algunas curiosidades y poco más.

Samcro, los moteros, las Harley, los personajes..., imposible enumerar todas las grandes cosas que podremos disfrutar a lo largo de esos 95 capítulos. Además fueron creciendo poco a poco, de los 50 minutos iniciales en estas últimas temporadas casi todos superan la hora de duración, rematando casi siempre con un final casi de cine, de hora y media. En la séptima todos rondan los 75 minutos, y los cuatro últimos merecerían verse en una pantalla grande, para poder terminar como se merece. Como dije en el comentario anterior todo ocurre dentro de un mundo tan alejado de mi realidad habitual como atrayente por todo lo que tiene alrededor. Un mundo de moteros, de violencia, de armas, drogas y situaciones extremas. Pero todo esto no es más que una maravillosa imaginería para desarrollar una gran cantidad de temas de la vida cotidiana, cercana, aunque dentro de unas situaciones que no lo son tanto, pero que se pueden extrapolar fácilmente. Son tantos los temas que toca que es imposible enumerarlos, pero me quedaría con ideas como la amistad, el amor, la fidelidad, la familia, el rencor, la violencia o una de las ideas universales que tantas discusiones pueden crear, ¿realmente el fin justifica los medios?
Los personajes, todos ellos, son geniales. En cada temporada aparece alguno nuevo que rodea a los del núcleo central, los Sons y sus familias. Pero ninguno de esos desmerece con lo que nos hemos encontrado hasta ese momento. En estas últimas aparece alguno que será un pilar central de muchas de las cosas que van a pasar, desde Nero Padilla (interpretado por un clásico de la televisión como Jimmy Smits) al policía corrupto Charles Barosky (Peter Weller le da vida, el actor de Robocop y que demás dirige algunos de estos últimos episodios). Invitados curiosos en algunos momentos, desde la estrella de la NBA Carmelo Anthony haciendo de matón (sin siguiera una línea de diálogo, eso sí); la viuda de Kurt Cobain, Courtney Love como profesora de un colegio privado al que va uno de los hijos de los protagonistas) o el histriónico cantante Marilyn Manson que aparece como el jefazo de una banda neonazi. Por supuesto los clásicos son todos parte ya de la televisión con palabras mayúsculas. No solo los Teller como eje central, sino todos y cada uno de los que forman parte del club, ya sea como miembros o como familiares. De todos ellos sigue brillando capítulo tras capítulo Gemma Teller, interpretada por Katey Sagal (otra curiosidad, era la protagonista de una de las series de comedia más geniales de hace ya unos cuantos años, “Matrimonio con hijos”).
Un aparte para otra curiosidad. En varios de los capítulos aparece el personaje de Otto, que no sale mucho pero tiene un papel fundamental en la historia. El actor que lo interpreta es Kurt Sutter, que es el guionista principal y creador de la serie. Se ve que se guardó un papel de esos que salen poco pero impresionan mucho para él mismo.

Y otra de las mejores cosas de la serie, la música. No suele ser elemento central de este tipo de producciones televisivas, pero aquí lo es. No es solo un fondo, no acompaña la acción, sino que muchas veces es ella la que nos está llevando a través de esa acción. Los inicios y finales de estas últimas temporadas son, desde mi punto de vista, toda una lección de cine y de cómo usar la música como un elemento más dentro de la acción. Casi todos ellos comienzan y terminan con un tema musical mientras va alternando con escenas de varios de los personajes, contándonos cosas casi sin necesidad de usar palabras y con una tremenda fuerza visual y narrativa. Me parece realmente genial. Muchos temas nuevos compuestos para la serie pero también muchas versiones de canciones de los últimos años más que conocidas. Pero lo mejor es que en muchos casos no son versiones, son reinterpretaciones con el sello de la dinámica de los Sons, con ese sonido sureño típicamente americano, dominado por guitarras y voces cavernosas, a medio camino entre el country y la música tradicional americana en su sentido más profundo. Hay canciones que aún siendo clásicos nunca me apasionaron demasiado, pero tras escuchar la versión que hacen de “The house of the rising sun” la vi de otra manera. Incluso alguno de los temas está interpretado por Gemma Teller.


Una de las mejores historias que se pueden ver en televisión a todos los niveles, creo que tendría que pensar mucho para encontrarle algún defecto, algo que no me gustara o no me convenciera. Todo está perfectamente hecho, reflejado, contado e hilado. No hay un solo personaje que no tenga mucho que aportar ni ninguna situación o escena que sea, como se suele decir, “de relleno”. No sé si pasó por alguna de las cadenas gratuitas, creo que no, pero para los aficionados a las buenas historias y la buena televisión (que sigo pensando que le está ganando en muchos sentidos al cine) es mucho más que recomendable, para mí es de las imprescindibles. Eso sí, en muchos momentos hay que tener un buen estómago, porque no es nada correcta, no se corta un pelo en mostrar las cosas tal cual son.


Y para terminar no me resisto a preguntarme cuántos pares de Nike Air Force 1 bajas y camisetas blancas tiene Jax Teller, además de casi el mismo modelo de camisa. Otro elemento más que destacar de todo lo que rodea a estos Sons of Anarchy a los que echaré mucho de menos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

"Días de Nevada", Bernardo Atxaga


Antes de ponerme con este comentario estaba revisando el histórico del blog porque estaba convencido de que el autor de hoy no era la primera vez que aparecía, pero estaba equivocado y, de paso, extrañado. Digo esto porque desde que hace unos años un buen amigo y compañero de trabajo me dejó algunas de sus novelas traducidas al gallego  es de esos autores de los que procuro leer todo lo nuevo que aparece. Creo que es uno de los mejores autores del panorama literario de la península, aunque sus obras aparecen primero en su lengua natal, el vasco. Hablo de Bernardo Atxaga al hilo de haber terminado hace poco su última novela, “Días de Nevada”, que me gustó mucho, como todo lo que escribe. Me gustó mucho “Obabakoak”, que creo que fue de lo primero que leí de este autor y luego quedé maravillado con “Siete casas en Francia”, una historia diferente pero al mismo tiempo llena de sus constantes. Ambas llegaron a mí en sus traducciones al gallego, pero no esta de hoy, que leí en castellano.

Bernardo Atxaga es el pseudónimo de José Irazu Gamendia, nacido en Asteasu (Guipúzcoa) en 1951. A lo largo de estos años tocó el cuento, la novela, la poesía o el ensayo, en todos los casos en euskera, aunque casi toda su producción puede leerse en otras lenguas peninsulares y de fuera. Padre carpintero y madre maestra, licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao en 1973. En 1972 escribe su primer texto, una composición teatral breve. Tras realizar el servicio militar trabajó en un banco de San Sebastián. En 1975 publica sus primeros textos en la revista “Panpina Ustela”. A finales de los 70 vuelve a Bilbao y desempeña varios trabajos, profesor de euskera, guionista de radio, vendedor de libros...) mientras escribía. En 1976 publica su primera novela, seguida del poemario “Etiopía” en 1978. A comienzos de los 80 decide dedicarse solo a la literatura. Se va a Barcelona y se licencia en Filosofía y Letras. Publica varios cuentos y empieza a aparecer todo lo relacionado con Obaba, donde transcurren muchas de sus obras. En 1988 publica su novela de más éxito, “Obabakoak”, traducida a 26 idiomas y ganadora de varios premios. Incluso algunos de sus relatos fueron llevados al cine. De esta serie pasó a cultivar la novela de tipo realista. En 2009 aparece “Siete casas en Francia” al mismo tiempo en todas las lenguas de la península, algo que se hace por primera vez. Además es autor de obras de literatura infantil y juvenil, además de novelas radiofónicas y obras de teatro. “Días de Nevada” (2013) es su última novela por el momento. Para más datos podéis consultar www.atxaga.org
“Días de Nevada”, una novela que no es fácil clasificar, aunque como he dicho en varias ocasiones, tampoco es necesario catalogarlo todo. Una historia hecha a base de pinceladas, de flashes del presente y del pasado, de escenas que parecen sueltas pero no lo están, de pinchazos duros de una realidad y un presente complicados y cicatrices del pasado que no se dan cerrado y que vuelven a abrirse por culpa de ese presente. Es una especie de diario motivado por la estancia en Reno (Nevada) de un escritor vasco, su mujer y su hija entre mediados del 2007 y el 2008. Ella para dar clase, él para escribir y sus hijas que convivirán con ellos mientras estudian en un colegio americano. Conoceremos la historia desde el día que llegan hasta el día que se van, y aunque no sea para nada un relato exhaustivo de ese año pasado lejos de casa sí que nos podemos imaginar con gran facilidad cómo fue su vida durante ese tiempo. No es necesario que nos lo cuente todo, con esos momentos importantes algunos y más irrelevantes otros (aunque todos tienen su significado y su motivo dentro de la narración) podemos hacernos una idea perfecta de cómo fue su vida en ese tiempo. Ángela, Izaskun, Sara y él autor que nos cuenta ese diario, del que no sabemos ni el nombre, pero que tampoco tiene demasiada importancia. Lo importante es lo que nos cuenta, lo que pasa a su alrededor y en su mente, en sus recuerdos del pasado y cómo muchos de ellos vuelven a su cabeza por acontecimientos del presente en esa zona casi desértica de Estados Unidos, además de provocar una serie de extraños sueños que algunas veces casi se convierten en realidad o se relacionan directamente con ella en algún momento. Lo que vendrá a demostrar es que cada cosa que pasa en nuestras vidas, cada persona que conocemos, cada sensación o emoción y muchas más cosas permanecen con nosotros para siempre y pueden volver casi sin que nos demos cuenta, ya sea para golpearnos con gran dolor o para emocionarnos, provocando sentimientos y sensaciones encontradas.

El mundo desértico de Reno, mezclado con las falsas luces de los casinos se convierte en un ambiente duro, casi hostil y sobre todo lleno de violencia en casi todas partes. La Universidad, los viajes que aprovechan en las épocas vacacionales, las comidas o cenas con las amistades que hacen por allí, la gente que conocen... Todo esto se convierte en pequeñas detonaciones que despiertan en la memoria del narrador historias de su pasado en el País Vasco, de personas que conoció, de familiares, de amigos, casi todas también historias más o menos tristes. No hay demasiado optimismo en todo este ambiente, pero sí la idea de que todo lo que nos pasa en la vida es importante y nada es despreciable. Que todas las cosas que vivimos y toda la gente a la que conocimos deja una huella en muchos sentidos y ese recuerdo puede volver en cualquier momento. El mundo americano es vasto, duro, violento, lleno de espacios amplios pero casi vacíos. Este mundo lleva al narrador a algo más íntimo, más pequeño y entrañable, las historias del pasado y algunas del presente de todo lo que pasó antes de estar allí. O a historias de otros vascos que pasaron por Estados Unidos en el pasado o en el presente.

Alrededor de esto hay un montón de cosas más que aumentan el interés por la lectura. Porque no son solo las cosas que vivimos o las personas que nos rodean. Hay otras constantes en la historia que todos podemos reconocer en nuestras propias vidas. El deporte (sobre todo el boxeo), el cine (actores que todos conocemos, películas que vemos más de una vez o muchas como cuando éramos niños y parecía que no podíamos cansarnos de ver siempre la misma), los sonidos y los olores, o la música (cantantes y canciones que marcaron y marcan más de un momento de nuestras vidas y que vuelven a nosotros cada vez que las escuchamos). Es muy difícil concentrar tal cantidad de cosas en tan pocas páginas, porque no es una novela larga, pero Atxaga lo consigue de una manera magistral. Se nota que hay mucho de experiencia propia en todo lo que nos cuenta y que lo hace con gran cariño y sensibilidad, y esa realidad de lo relatado hace que todavía sea más interesante.


Me pareció una obra más madura, más complicada y compleja en muchos sentidos y más difícil. Sigue teniendo un estilo que no es nada recargado y que parece simple, pero que no lo es en absoluto. Cada palabra, imagen, expresión...está buscada con toda la calma del mundo para intentar conseguir en el lector aquello que él quiere y lo consigue con creces. Me gusta mucho tanto su forma de escribir como la forma en que lo hace y creo que es uno de los mejores autores del panorama literario peninsular, tanto en la forma como en el fondo. Esas historias llenas de intimidad donde vuelca sus impresiones no son fáciles de contar para llegar al lector y siempre lo hace. Historias que conmueven y, sobre todo, que nos harán pensar en nuestras propias vidas y en todo lo que nos rodea. Recomendable en todos los sentidos, al mismo tiempo que os recomiendo su anterior novela, “Siete casas en Francia”, tan distinta al resto de su producción y, al mismo tiempo, tan parecida.

martes, 21 de octubre de 2014

"Trilogía del siglo XX. El umbral de la eternidad", Ken Follet


Los que me sigan habitualmente sabrán que salvo algunas excepciones no soy demasiado amigo de las trilogías. Creo que, sobre todo cuando son largas, no es fácil mantener el hilo de la historia, las relaciones entre los personajes o la atención del lector. Claro que también soy seguidor de muchos autores y algunos de ellos son aficionados a publicar novelas con este formato. Hoy voy a dejaros un comentario sobre el remate de una de estas trilogías, cuya tercera parte apareció recientemente y que leí casi en cuanto salió, sobre todo porque tenía ganas de ver cómo terminaba la historia (más bien historias) y qué hacía el autor en este caso. En noviembre de 2010 os deje mis comentarios sobre “La trilogía del siglo XX. La caída de los gigantes”, en diciembre de 2012 apareció “El invierno del mundo” y hoy os dejo unas palabras sobre “El umbral de la eternidad”, último volumen de la trilogía en la que Ken Follet intenta hacer una historia bastante completa de todo lo ocurrido en el reciente siglo pasado, que fue mucho y muy interesante. 

Follet es uno de mis autores favoritos, tanto por las historias que cuenta como por su forma, normalmente, intensa, amena e interesante de hacerlo. Muy pocas de sus novelas me han decepcionado, y aún así incluso en esas encuentro algunas cosas que hacen que no deje de serle fiel. Lo que sí es cierto es que personalmente vengo notando en algunas de sus “segundas partes” un cierto bajón en la parte histórica y narrativa para pasarse más al lado de las relaciones sentimentales y de una narración mucho más simple que en otras de sus historias. Me pasó claramente con la continuación de “Los pilares de la tierra” y con la segunda entrega de estas tres que comento hoy. En ambos casos al acabar las lecturas me quedé un poco frío, casi decepcionado por un cambio en su forma de hacer las cosas que no me gustó demasiado.

“La caída de los gigantes” fue una historia que me atrapó desde el principio como comenté en su momento. Además de estar perfectamente planteada y contada, con un arranque realmente muy bueno, se centraba en una época que conocía, pero que estaba tan llena de datos históricos perfectamente entremezclados que hizo que la leyera con mucho interés. “El invierno del mundo” fue un claro ejemplo de lo dicho en el párrafo anterior. Me sentí un poco decepcionado y no me voy a extender, al comentario de aquel momento me remito. También es probable que al centrarse en la Segunda Guerra Mundial, época mucho más trabajada en literatura y cine que la anterior, todo me sonara demasiado conocido y perdiera un poco el interés por la historia.

Teniendo en cuenta la medio decepción de la segunda, aunque tenía ganas de leer esta última, la verdad es que la cogí con un cierto miedo, sin saber demasiado bien a qué Follet me iba a encontrar. No sabía si estaría ante el que maneja con maestría los datos históricos, entrelaza personajes de manera maravillosa y me cuenta unas historias que hacen que lo más complicado sea dejar de leer. También era posible que apareciera de nuevo el más simple, el que parece que se limita a contarnos una novela medio romántica donde los hechos históricos son casi anecdóticos y pierden mucho interés, funcionando casi solo como un bonito marco para contarnos amores y desamores de los personajes. Pues lo cierto es que desde las primera páginas vi que estaba ante el Ken Follet que me gusta y la idea se mantuvo a través de toda la lectura, una gran historia y un más que buen final para la trilogía del siglo XX.

La historia empieza a principios de los años 60, otra de las épocas más fascinantes e interesantes a todos los niveles del siglo. Época de cambios en muchos aspectos, por no decir en todos, políticos, sociales, estéticos, musicales..., y todos ellos irán apareciendo poco a poco a lo largo de las páginas de esta gran novela. Ahora las cinco familias que protagonizan la historia han ido cruzándose de muy distintas maneras y en varios de los países donde transcurre la acción. Los galeses, los ingleses, los rusos, los americanos y los alemanes están ahora desperdigados por varios países, algunos siguen fieles a sus orígenes, mientras otros desarrollan sus vidas muy lejos de los mismos. Empezamos con Rebeca Hoffman, nieta de lady Maud, que vive en la Alemania del Este tras la separación a la que dio lugar el final de la Segunda Guerra Mundial, junto con su hermano Walli, que sueña con ser músico de rock y el resto de su familia. La historia que transcurre en este Berlín separado es, para mí, de las más duras que aparecen, también quizá porque es algo que conozco menos que otros acontecimientos que aparecen en la novela y porque tiene momentos realmente sobrecogedores y llenos de emoción. Mientras conoceremos a George Jakes, el hijo de color de uno de los hermanos Peshkov, el que escapó a Estados Unidos. Aquí está otro de los pilares básicos de la historia. George se verá metido de lleno en toda la lucha de los derechos civiles en Norteamérica, desde los principios violentos y sangrientos hasta llegar como abogado a los despachos de la Casa Blanca, trabajando para los hermanos Kennedy. Mientras en Rusia tenemos a los hermanos Dimka y Tania Dworkin, ambos no demasiado de acuerdo con el funcionamiento del comunismo pero tomando posturas opuestas. Él quiere que el país evolucione y vaya cambiando poco a poco, trabajando en el Kremlin mientras ella está más metida en movimientos de activismo y protesta. Otra parte transcurrirá en Londres, donde algunos de los personajes más importantes, muy mayores ya, van tomando parte también en todos estos acontecimientos. Quizá la parte central transcurra entre tres ejes y tres núcleos de personajes principales y en ellos se centra más el autor. Por un lado Berlín y todos los acontecimientos relacionados con el muro. En el otro lado Estados Unidos con el tema del racismo y los derechos civiles unido a la Guerra Fría, la crisis de los misiles y una serie de acontecimientos que llevaron al mundo al borde de la guerra nuclear (la verdad es que nunca pensé que se hubiera estado tan cerca). Y el tercer centro será Rusia y la lenta evolución de un comunismo radical hacia una cierta apertura y pequeños pero importantes cambios. En el medio muchas cosas más, desde el rock and roll y los cambios musicales de esos últimos cuarenta años del siglo vistos a través de un grupo integrado por varios de los protagonistas hasta la época del amor libre o la guerra de Vietnam.

Muchas son las cosas que ocurrieron en eso

s últimos años del siglo, grandes cambios y evoluciones, grandes problemas y conflictos sociales y políticos, cambios sociales muy grandes que desembocaron en muchas de las cosas del mundo que hoy conocemos. Todas ellas aparecen de forma perfecta en esta tercera entrega y creo que no se deja nada. Como digo lógicamente se centra en aquellos aspectos que pueden parecer más importantes y que se desarrollan más. Lo hace sobre todo con aquellos que están directamente relacionados con los grandes personajes de la época. Muchos son los personajes históricos que aparecen como parte importante de la novela y muchos de ellos serán protagonistas en muchos momentos. Los hermanos Kennedy, Martin Luther King, Gorbachov, los presidentes americanos de la época, músicos, políticos, etc., todos los que conozcan un poco la historia de esos años los reconocerán perfectamente. Lo mejor es eso, que no aparecen como ajenos a la trama, sino que muchos de ellos son centrales en el desarrollo de los hechos. Follet no se limita a contarnos las cosas que pasaron desde la óptica de los personajes de ficción, sino que veremos muchas de esas cosas desde el punto de vista de aquellos que intervinieron directamente en aquello que nos está contando.

Para mí la mejor de las tres por muchas razones. Como me pasó con la primera, me gustó desde el planteamiento inicial y es de esos que hacen que tengas ganas de seguir leyendo para saber qué pasa. Lo hacía con las historias de los mineros en esa y lo consigue en esta con la historia de la familia del Berlín oriental, que te atrapa por lo que cuenta y cómo lo cuenta. Y a partir de ahí el interés no decae en ningún momento. Lo mejor para ese marcho histórico tan bien plasmado son los personajes que utiliza para contarnos los acontecimientos. Como siempre creo que es un maestro de la creación de personajes y sobre todo de entrecruzarlos de una forma tan natural y creíble. Y como pasa en otras ocasiones, los femeninos tienen para mí mucha más fuerza, más personalidad y más peso en la trama que los masculinos, que siempre parecen un poco más discretos o quizá menos importantes. Aunque en este caso el personaje de George Jakes quedó para mí como uno de los favoritos de la novela sigo pensando que todos los personajes femeninos de cualquiera de las familias y países están varios escalones por encima de los masculinos en todos los sentidos.

Lo dicho, tras la media decepción de la anterior, esta me ha reconciliado de nuevo con el Ken Follet que me gusta, el que hace una mezcla perfecta entre personajes de ficción e históricos, entre hechos reales y otros ficticios pero tan bien mezclados que todo aquello que sale de la imaginación del autor es completamente creíble. Para mí muy recomendable y la mejor de la trilogía. Una gran historia llena de muy grandes momentos, plena de emociones y sentimientos que me conmovieron en muchos momentos, sobre todo en los últimos capítulos. Una buena historia que resume, a su manera y desde su punto de vista, un siglo XX completamente lleno de momentos e historias muy interesantes y que marcaron una forma de vida y una época.